domingo, 29 de julio de 2018

El MUSARQ Museo Nacional de Arquitectura


Un poco de historia

En el 2005, en la Dirección de Edificaciones Culturales del Ministerio del Poder Popular para la Cultura se diseña una edificación para que en ella funcione una Gran Tienda de Arte. El terreno ubicado en una parcela propiedad del Centro Simón Bolívar y cedida en comodato, está situado a continuación del Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez, sobre la Avenida Bolívar de Caracas. La edificación cumple con la normativa establecida para el desarrollo del sector. Diversos problemas presupuestarios y de otra índole demoran la iniciativa hasta que en 2008 se cambia la destinación del proyecto para atender a la necesidad de una sede adecuada para el naciente Museo Nacional de Arquitectura (MUSARQ) que hace parte del programa impulsado por el Ministro Farruco Sesto que implica la creación de ocho nuevos museos nacionales. Hasta ese momento, el MUSARQ funciona con un pequeño equipo dirigido por el Prof. Juan Pedro Posani, en una sala de la antigua Galería de Arte Nacional (hoy Museo de Bellas Artes) en la plaza de Los Caobos. Ya el Prof. Posani había participado en los años 60 en la creación de una Fundación Museo de Arquitectura que, a pesar de la buena voluntad de sus fundadores, no había podido sino organizar algunas exposiciones en salas de algunos de los grandes museos existentes. Mucho menos pudo hallar una sede permanente. 




La idea del Museo de Arquitectura, que estaba planteada desde la organización de la Fundación Museo de Arquitectura, como se dijo, en los años sesenta, vuelta y vuelta ahora estaba a la mano, con la posibilidad de la conversión de la Gran Tienda de Arte. Ubicación, tamaño, accesibilidad, visibilidad, relativa facilidad de adaptación tipológica del edificio ya proyectado y en proceso de construcción, todo apuntaba hacia la oportunidad de realizar casi de inmediato lo que hasta el momento lucía como un espejismo. 


Así pues el 15 de octubre del 2009 arranca la construcción con el movimiento de tierra. Nuevos problemas técnicos y presupuestarios, vuelven a detener la obra. Sin embargo la estructura en hormigón armado de los cinco pisos se comienza a finales de noviembre del mismo año y en poco más de tres meses se termina, gracias a un sistema prefabricado totalmente “made in Venezuela”. Nueva interrupción de los trabajos. Interviene por dos veces el Presidente de la República y gracias a sus directrices, se emprende la terminación de la obra. 



El Museo de Arquitectura tan esperado, podrá ser una realidad concreta. Allí el gremio podrá encontrar un foro abierto de debate y presencia. Pero sobre todo será una tribuna de información y enseñaza para todo el público “usuario” de la ciudad.

El programa de trabajo del MUSARQ

Dentro de la política estratégica del año 2006 del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, y por iniciativa del arquitecto Farruco Sesto, Ministro para ese momento, se crea el Museo Nacional de Arquitectura. Su finalidad será la de documentar, difundir y concientizar los valores, características y problemas de la arquitectura, las estructuras urbanas y el diseño industrial, concebidos como instrumentos para el desarrollo de una nueva y mejor sociedad, componentes esenciales y permanentes de transformación y bienestar colectivo. Serán temas de sus colecciones, exposiciones y publicaciones, los valores, cualidades y características específicas de la arquitectura, de las estructuras urbanas y del diseño industrial en el país, en cada una de sus etapas históricas, mediante la difusión, el debate y el conocimiento de las relaciones materiales, políticas, estéticas e ideológicas de estas actividades fundamentales para la convivencia y la calidad de vida de los ciudadanos. El Museo será entonces un espacio abierto para el debate, la crítica de las ideas y la participación comunitaria. Tal pretensión y orientación implica deslindarse por completo de la antigua y ortodoxa concepción del museo como vitrina exclusiva de objetos valiosos, centro de acopio y de exposición de documentos, expuestos, además, de forma tal que su comprensión resulta inaccesible o poco significativa para el gran público. Intentaremos acercarnos, muy por el contrario, a una definición contemporánea según la cual el museo pasa a ser un dispositivo para el saber, la investigación, la reflexión colectiva y la divulgación cultural. No va a ser fácil. Pero la arquitectura y la ciudad en sí mismas así lo plantean: sin caer en la contemplación estática y pasiva ¿cómo exponer, cómo presentar, una práctica social, constructiva, económica y estética, y una realidad tangible e intrínsicamente ligada a todos los ciudadanos, que es eminentemente dinámica, mutante por excelencia? Problemas que se nos plantean y que van a exigir una buena dosis de imaginación creativa. Para tratar de acercarse a la consecución de tal reto, el MUSARQ se propone desarrollar su actividad programática en torno a cinco grandes ejes temáticos estructurantes: la historia, la ciudad, el ambiente, la tectónica y el diseño industrial.


El diseño arquitectónico y constructivo del MUSARQ

El proyecto preve tres grandes espacios libres, uno en cada piso. En los sótanos, las oficinas, los depósitos y un estacionamiento. La concepción del museo como caja cerrada que se ajusta internamente a cada evento-exposición, sigue siendo un criterio universal, puesto en discusión tan solo a raíz de la explosión postmodernista, por la idea del museo fenómeno, excepcionalidad urbana, acontecimiento espectacular. Los ejemplos son muy conocidos y se resumen en el efecto Guggenheim-Bilbao. Sin embargo, aún en esos casos, detrás y debajo del caparazón insólito, siempre se alojan las salas expositivas tradicionales. Así lo inmediato de poder contar con una sede, después de tantos años de dar vueltas alrededor de la idea de un museo de la arquitectura venezolana, prevaleció. Ya estamos a pocos meses de que Venezuela, así como Colombia, Brasil, Argentina, y Ecuador, disponga también de un lugar adecuado donde confrontar ideas, proponer soluciones, dilucidar problemas, y sobre todo reconocer la historia antigua y reciente de la construcción del espacio en su territorio.


El proyecto abría las puertas a seguir ensayando una arquitectura y un diseño diferentes-siendo costumbres y la aceptación pasiva de nociones supuestamente superiores- de las del primer mundo, que por diferentes razones se han convertido en hábitos constructivos, funcionales y formales perfectamente nocivos para la calidad de la vida social. Experiencias anteriores, teóricas y prácticas, algunas con antigüedad de decenas de años, nos permitían definir como deseable una arquitectura, liviana, de poco peso y mucha flexibilidad. Recordábamos aquella pregunta que siempre hacía Bucky Fuller ¿cuánto pesa este edificio? como premisa irónica y comparativa a toda explicación de su visión del diseño. Y queríamos insistir en algo tan obvio y sin embargo tan olvidado, que quienes comemos mangos no podemos hacer una arquitectura como quienes comen peras. Contra la imitación y lo normal no nos cansábamos de repetirnos y repetirles que la síntesis robinsoniana de inventar o errar, seguía siendo de una actualidad perturbadora. No nos preocupaba la relación con la pequeña escenografía arquitectónica del Nuevo Circo. Ubicado en la cuadra posterior al sur, su altura reducida y la escala menuda de sus elementos decorativos reducen su empaque monumental a las dimensiones de la placita triangular que lo precede diagonalmente. El contraste con el volumen y el acabado metálico del Museo de Arquitectura refuerza poderosamente el carácter casi de adorno urbano y la memoria de la pequeña escala de una Caracas desaparecida.

Nos pareció realmente sugestiva la posibilidad de empaquetar el edificio en una membrana metálica de apenas un milímetro de espesor. Un desafío tropical –lo que sólo es posible aquí, en este trópico del cual deberían nacer nuestras ambiciones serenas y nuestro orgullo terrestre. Pero también, en tensiones paralelas, el otro objetivo, la prefabricación, la rapidez de ejecución, la economía. Y por último la franqueza y la honestidad de reconocer las limitaciones históricas: las imperfecciones, la brutalidad áspera e incierta de los acabados, las evidencias de las fases constructivas, de sus secretos estructurales. Franqueza didáctica y en cierto modo también austeridad política, el edificio en su simplicidad sin disfraces podría ser un manifiesto.

El edificio no compite con nadie. Es como somos. Eso sí, pretende ser auténtico, no se disfraza de primer mundo.


El proyecto se ha valido de algunos criterios fundamentales. Primero, cómo construir es importante. Y hacerlo con métodos de prefabricación, aún más. Rapidez y economía comprobadas. Para ello se contaba con la colaboración y la experiencia de un notable ingeniero y empresario, el ing. José Adolfo Peña, quien había trabajado en su oportunidad con Villanueva en el Museo de Bellas Artes. Segundo, la economía de los medios debe ser esencial y debe corresponderse en paralelo con la austeridad de las soluciones formales. Apostamos a lo sencillo y evidente, al recato estructural y a lo asequible de los detalles. Tercero, este país no necesita entrar en el club de los imitadores de las suertes espectaculares que en el “primer mundo” han hecho famosas a tantas “prime donne” de la arquitectura internacional. El museo no se parece a un galpón…es un galpón. No tiene porque ser más que un espacio decente, honesto, flexible y útil, sin esos gastos de representación que en un país como el nuestro siempre huelen a nuevorriquismo. El edificio no será el gran protagonista, según el modelo que nos echan en cara los países industrializados. El protagonismo lo tendrán las exposiciones y sus contenidos. Es ésta una opción escogida con toda premeditación: es una tesis que defiende el MUSARQ como la opción que corresponde y simpatiza con nuestra historia, nuestra idiosincrasia y nuestras condiciones geográficas y ambientales. Es también lo que pensamos que corresponde al futuro de la construcción del espacio en un mundo atenazado por las perspectivas de las grandes crisis ambientales y energéticas.


En resumen, el edifico es exactamente lo contrario de lo que está de moda en la arquitectura globalizada. Allá se inventan formas excepcionales para desespero de ingenieros. Aquí, en cambio, se parte del ingenio de los ingenieros. Allá el espectáculo predomina y es finalidad suprema. Aquí, en cambio, economía de medios y lógica de funciones. Allá se alardea, el grito es ensordecedor y el lujo la consigna. Aquí, en cambio, la palabra es simple y la austeridad es serena y no exenta de alegría.


La única ambición, si la hay, es que con él se pueda demostrar que con poco se puede hacer mucho y que se puede trabajar sin el ojo puesto en las revistas de los países ricos y decadentes, reconociendo nuestras condiciones específicas y de ellas sacando fuerzas. Puesto que de arquitectura estamos hablando, es lo que nos atrevemos a proponer: un ejemplo de modestia pero también de calidad. Una bandeja donde los demás puedan presentar sus manjares. Y donde se pueda apreciar lo que en la historia se ha hecho y aprender de ello.

Fuente: Blog Museo Nacional de la Arquitectura
https://musarq.blogspot.com/2011/10/inauguramos-este-blog-el-del-miercoles.html

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