domingo, 29 de julio de 2018

Edificio Johnson Wax

Arquitecto
Frank Lloyd Wright

Año de Construcción
1936-1939

Ubicación
Racine, Wisconsin, Estados Unidos



Introducción

En 1935 Herbert “Hib” Johnson, el más joven de la familia Johnson, tenía 36 años y quería darle a la empresa de su familia una imagen más moderna mediante la construcción de nuevas oficinas.
Para llevar a cabo tal labor quiso contar con la ayuda de Wright, quien en un primer momento se negó a ofrecer sus servicios ya que consideraba el emplazamiento para el proyecto del todo inadecuado y Hib Johnson no cedió a su propuesta para crear un pequeño complejo urbanístico donde colocar las oficinas en medio de una zona verde más alejada de la ciudad.

Fue la esposa de Wright, Olgivanna Wright, quien logró convencerlo para que aceptase, ya que aunque Wright mantenía su fama mundial se encontraba en una etapa profesional muy poco productiva, con muy pocos encargos reales y mucho trabajo intelectual y de investigación sobre temas urbanísticos, una situación que lo llevó a estar una vez más cercano a la banca rota.

La compañía pidió a Wright que a la hora de realizar su proyecto interpretase la idea del sueño americano, donde el trabajador está contento en su puesto, se siente realizado profesional y personalmente, la gente se relaciona la una con la otra, se sienten iguales, unidos, como una gran familia.

Parece que Wright consiguió su proposito ya que años después el propio Hib Johnson admitió que gracias a la nueva organización de las oficinas y al ambiente que se había logrado crear el rendimiento de su empresa había mejorado hasta un 25%.
Como en la mayoría de las construcciones el coste final fue superior al presupuesto incial, con la diferencia de que aquí se multiplicaron las previsiones nada más ni nada menos que por cuatro.


Situación

El edificio se encuentra situado en 1525 Howe Street de la población de Racine, Wisconsin, a 200 kilómetros de distancia de Chicago, sobre la orilla del lago Michigan.

El Entorno

El barrio en el que se coloca forma parte de los suburbios de Racine, una zona industrial que nada agradaba a Wright pero en donde el cliente insistió repetidamente que debía situarse el edificio.

Wright se vio en la obligación de proyectar en un entorno que para él nada tenía que ofrecer, y dejó clara muestra de ello proyectando el edificio como si de una fortaleza se tratase, con grandes paredes de ladrillo ciegas, entradas de luz cenitales, espacios que se pliegan sobre sí mismos hacia el interior, etc. negando por completo el exterior.



Concepto

El edificio niega deliberadamente su entorno, se cierra en sí mismo, como una fortaleza aislada de su entorno que permitió a Wright generar su propia idea de arquitectura de paredes hacia dentro, solucionando la relación de un entorno insalubre y hostil mediante la negación rotunda.

El edificio no tiene ventanas, sólo largas fachadas ciegas, paredes contundentes de ladrillo rojo.


Wright diseñó un volumen horizontal, contrario a los altos edificios que tan de moda estaban en la época. Para Wright la línea horizontal era la del horizonte, la que se asocia con el terreno, y la única dirección que lograba hacer que el edificio perteneciese a dicho terreno.

El complejo cuenta con una torre vertical, pero esta no pertenece al proyecto original sino que sería proyectada diez años más tarde por el propio Wright, y aún en este volumen vertical quiso marcar la línea horizontal por encima de todo.

La torre intercala plantas de forma cuadrada con plantas de forma circular, sin que estas últimas lleguen al perímetro del edificio y por lo tanto en fachada sólo sean visibles uno de cada dos forjados, creando la ilusión de que el edificio es mucho más bajo de lo que lo es en realidad.

El edificio debía convertirse en icono de la empresa, pero Wright quiso huir de aquella imagen típica de la época donde una gran compañía se identificaba con la entrada a un gran edificio (por lo general un rascacielos) y por eso creó una fachada principal totalmente ciega, llevando el acceso a una discreta posición en el costado.

Con esta acción Wright buscaba conseguir que fuese la imagen del proyecto completo la que la gente evocase al pensar en Johnson & Sons, y no sólo la de unos cuantos tipos de traje accediendo a un edificio por lo demás anónimo como pasaba por ejemplo con la empresas de Wall Street.

Ya en el interior del edificio Wright prometió a su cliente que se encontraría con un mundo aparte, un bosque ajeno a lo que pasase fuera de él, donde no habría más ruidos que los generados por la propia selva y la luz natural entraría de forma uniforme desde arriba, como si cayese directamente de la bóveda celeste.

La Luz

La luz juga un papel fundamental en todo el proyecto. Wright buscó que la luz llegase de forma uniforme a todos los rincones, y para lograrlo utilizó dos recursos; deshacer las cornisas y aprovechar los espacios residuales entre las circunferencias que sus columnas generaban en el techo.

Para lograr deshacer la cornisa Wright tuvo que crear dos estructuras independientes, la de las fachadas y la del forjado, dejando entre ellas un salto, un espacio vacío que sería cubierto por una cornisa de cristal formada a base de tubos de Pyrex colocados sobre unos bastidores triangulares metálicos.




De este modo Wright no sólo logra levar luz natural al interior, sino que se deshace una vez más del ángulo recto y crea un tipo de cornisa nunca visto hasta entonces, algo que nos da una idea de hasta qué punto consideraba su arquitectura única, un nuevo estilo diferente a todo lo que se había hecho hasta entonces.

En el interior de esta cornisa de vidrio se colocó la instalación de luz artificial, buscando llegar a las mínimas diferencias en el nivel de iluminación de día y de noche.

Si durante el día la luz entraba desde todas direcciones de forma uniforme lo mismo debía suceder durante las horas nocturnas, debían evitarse los focos 
puntuales de luz, menos adecuados para iluminar los planos de trabajo.

Para lograr la homogeneidad de la luz en el interior también creó un techo de vidrio, a base de los mismos tubos de Pyrex, que cubrían los espacios residuales entre las circunferencias mediante las cuales las columnas se entregan con el forjado.


A estas entradas de luz también fue necesario darles un volumen interior para alojar la instalación de luz eléctrica, ya que sino un día nublado o una nevada harían imposibles las condiciones de trabajo en la sala principal. A estos espacios de instalaciones se accede desde la cubierta, donde se crearon claraboyas de vidrio a cuatro aguas para facilitar el acceso.

Todos los tubos tuvieron que ser substituidos al cabo de ciertos años por tubos idénticos pero de plexiglás para solucionar algunos problemas de insolamiento y sobretodo de fragilidad.

Espacios

Para Wright el coche ya era en 1935 una parte innegable de la arquitectura, y por eso proyectaba teniendo en cuenta a estas máquinas desde el primer momento, negarlas o dejarlas en un segundo plano sería absurdo.

Por ese motivo en el Edificio Johnson Wax el parking es la única entrada posible. Los coches acceden por una discreta entrada en el lado oeste y penetran hasta el mismo centro del edificio, buscando su lugar en un aparcamiento de techos bajos, soportado por columnas semejantes a las del interior que le dan un aspecto de gruta.


Los peatones, si es que había alguno en el mundo futurista que Wright imaginaba, deben utilizar el mismo espacio del aparcamiento para llegar a la entrada principal del edificio.


Una vez en el interior del edificio el vestíbulo se expande, invitando a la contemplación del espacio que se extiende por delante. Y es que tras un mostrador bajo y una pasarela que atraviesa el espacio se encuentra la sala principal, la catedral del trabajo, un rectángulo de 45×65 metros totalmente diáfano, capaz de acoger a unos 200 trabajadores bajo un mismo techo, sin compartimentación alguna, ni pesada ni ligera. En este espacio todos son iguales, no existen áreas restringidas, todos son libres de moverse a donde quieran, desde el departamento logístico hasta el de asuntos legales, desde la zona de comerciales hasta ventas internacionales. Mientras se trabaja bajo el techo de Johnson & Sons todos los empleados son iguales, tal y como Hib Johnson había pedido a Wright, una excelente interpretación del sueño americano.



Las áreas de administración se sitúan en un segundo piso, a lo largo de una pasarela que rodea la sala principal y la contempla. En esta ocasión los despachos sí que se dividen, pero no por dar lugar a una jerarquía entre los empleados, sino por cuestiones prácticas y necesarias que obligan a que se puedan dar simultáneamente actividades diversas como reuniones, presentaciones, conversaciones, etc.
Para que no quepa duda sobre la función de estas divisiones Wright quiso que fuesen de vidrio, ya que aunque las actividades no fuesen compatibles para realizarse en un único espacio estas no eran secretas, nadie debía tener más o menos privacidad que los demás, nada que pudiese dar lugar a pensar que el trabajo de uno era menos valorado que el de otros.

En esta segunda planta se ubica también un lugar común para todos los empleados, un auditorio que se usa a su vez como cafetería o sala de descanso y donde sobre una pequeña tarima se pueden dar pequeños discursos a los empleados.
Un tercer piso, este sí de acceso restringido, alberga una sala de juntas y la oficina privada de Hib Johnson, que cuenta a su vez con el único espacio abierto del edificio, una pequeña terraza en la azotea.

La Torre

Diez años más tarde la empresa se vio obligada a ampliar sus oficinas debido a la buena marcha del negocio y Hib Johnson decidió volver a llamar a Wright para proyectar una torre adyacente donde se ubicarían los laboratorios.
La torre es de formas simples, un cuadrado extruido con las esquinas redondeadas. Los antepechos son del mismo ladrillo que el edificio original, y las ventanas son todas ellas de los mismos tubos de Pyrex que ya se emplearon en las cornisas y claraboyas del primer edificio.

Wright quiso entender esta torre como parte inseparable del conjunto, quería que ambas fases del proyecto fuesen una sola, que un transeúnte que pasase por allí sin conocer la historia no supiese distinguir entre las dos construcciones. Por ese motivo no dotó a la nueva torre de una entrada propia sino que colocó esta dentro del edificio existente, ligándolos el uno con el otro de forma ineludible.




Estructura

El edificio se sostiene mediante 60 columnas de 6,5 metros de altura, con una base de sólo 22 cm que se expanden al llegar al techo cubriendo toda la superficie.

Esta novedosa estructura causó mucha desconfianza entre las autoridades, quienes no sólo solicitaron un estudio minucioso de la misma sino que exigieron a su vez realizar una prueba real con un pilar modelo. Cada pilar debía ser capaz de soportar 6 toneladas de peso, sin embargo, debido a al escepticismo que esta estructura generó, la comisión sólo los aprobaría si eran capaces de soportar el doble.




El 4 de Junio de 1937 fue la fecha fijada para realizar la prueba. La columna soportó sin problemas 6 toneladas y luego 12, pero Wright, ofendido por la desconfianza de las autoridades ordenó seguir añadiendo peso al pilar, hasta que finalmente se colapsó tras soportar 60 toneladas.

Las columnas son, además del elemento característico del proyecto, un punto clave a la hora de proyectar el edificio, ya que no sólo le dan un orden espacial sino que son las encargadas de llevar todas las instalaciones a lo largo del edificio.

Las columnas son en realidad huecas, y por su interior circulan las instalaciones de luz, teléfono e incluso bajantes pluviales y sanitarios.

Para lograr pilares de sección tan reducida en su base y además huecos Wright ideó un nuevo sistema de hormigón armado donde la armadura ya no son los típicos redondos de acero sino que se substituyen por una maya de acero, logrando reducir notablemente el espesor.




Para culminar les dejo el este documental en mi canal Arquetipos21


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